Dicen que el miedo de perder a la persona que más te importa, hace que la cuides, que te preocupes, que la ames. O, por lo menos, eso es lo que se espera. Es así como debería ser. Pero, qué pasa cuando hiciste todo lo contrario? Qué pasa cuando te sentías seguro de lo que tenías y no la cuidaste? Qué pasa si ya la perdiste?
Qué pasa ahora que ya la perdiste y, como en mi caso, sabes lo que estuvo mal y, además, tienes una gaseosa esperanza de recuperarla? Qué pasa? Sería bueno buscarla y hacerle ver los upgrades que has venido realizando en tu vida? O no? Qué tal si es demasiado pronto? Qué tal si no? Sería acaso recomendable establecer algún contacto para que sepa que aún vives y que estas, dentro de todo, bien? Y si te llamo solo para saber saber de ti, de tu chamba, de tus preocupaciones y ver si aún te podía ayudar con alguna? Derepente te gusta la idea de saber que todavía me preocupo por ti y mucho. Y si así te das cuenta que estoy aquí, que estoy pensando en ti, que todavía me importas?
Lo hice. Te llamé. Por todo lo que acabo de escribir y, porque también, tengo miedo. Estoy aterrado de que me olvides y, que mi ilusión de recuperarte no sea más que eso, una ilusión. Esperaba saber si estas sintiendo lo mismo que yo. No, no tranquilidad, no paz, no felicidad. Sino como que te ahogas, como que te hago mucha falta, como que, simplemente, me extrañas. No noté nada de eso, y, en realidad, no podía esperar más de la llamada. Fue como tuvo que ser. El objetivo explícito se cumplió y supe, nuevamente, de ti. Por todo lo demás, no me puedo dar por satisfecho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario