viernes, 6 de noviembre de 2009

…no es con el corazón, sino con la cabeza


Que feo se siente…haber perdido al amor de tu vida por no haber sabido, ambos, como llevar una relación pensada con la cabeza y matizada con el corazón. Es realmente incomprensible como te puedes llevar tan bien con alguien, encajar de manera perfecta en sus necesidades y cubrir con total facilidad sus angustias, y, al final, no poder estar con ella.

Nadie, con seguridad, piensa con la cabeza los primeros meses de una relación. Si no eres Robocop, indefectiblemente, te dejarás llevar por las ganas y emoción inconmensurables que te producen las ansias de ver a esa persona por la que estas empezando a sentir “algo especial”. Pasarán más tiempo juntos que lo recomendado, robarán el tiempo libre del otro para hacerlo suyo para, sin la menor mala intención, meterse de la manera más grotesca y descarada en sus vidas. Sin saber que el amor no crece absorbiendo a la otra persona sino, por el contrario, crece por el miedo de, en algún momento, perderla. Ese miedo que, por irónico que suene, hace que la cuides, la busques, la atiendas. La ames.

Estar con esa persona es lo más gratificante que uno, cuando se empieza a templar, puede esperar. Pero cuidado! De no ser bien manejado, con el pasar del tiempo, esta felicidad y emoción se irán transformando en desgano y rechazo a esa persona que, si bien quieres, te habrá quitado horas de sueño, programas de TV y tiempo con tu familia y amigos. Empezarás a dudar sobre aquel amor que proclamaste por tierra y cielo, y al que te entregaste por completo, sin miedo a nada. Te sentirás agobiado, cansado, presionado. Te asustarás. Y tomarás la peor decisión concebible, aquella que te costará mucho aceptar. Terminar. Pues todo esto te ha hecho creer que no estas enamorado, que ya no sientes lo mismo o, que las mariposas estomacales, simplemente, se digirieron. Y, en lugar de lanzar un flotador y rescatar una relación a punto de ahogarse, huirás, de la manera más cobarde, en un bote salvavidas unipersonal.

Si nos sentáramos a plantear la mejor estrategia para llegar a esa persona y conquistarla por completo de la “manera correcta”, no sería necesario tener bajo la manga algún plan B, C o D, para zafar ni bien veamos que nuestra integridad emocional peligra, pues todo podría acomodarse y encaminarse, meditando y conversando.
Hubiese en el mundo, entonces, muchas menos canciones de despecho, de amores prohibidos, de lágrimas no comprendidas y, por su puesto, menos corazones rotos. Sin embargo, creo yo, todo sería más aburrido. Sin retos que tomar, ni miedos que afrontar cara a cara, ni tropiezos que nos hagan aprender y, tarde o temprano, crecer.

Si solo pudiera decirte esto a la cara y lo entendieras como yo…

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